Desde 2017
Nuestra historia
Naga no salió de un plan de negocio. Salió de que la gente quería entrenar con Aarón, y de un padre que insistió hasta convencerle de abrir su propio gimnasio. Desde entonces ha cambiado de casa y ha crecido el equipo, pero la idea es la misma: aprender de los mejores, hacer las cosas bien y usar el entrenamiento para mejorar la vida de la gente.

El principio
Antes de que existiera el box
Aarón, antes de Naga
De niño, un profesor de Educación Física le escribió una carta para que hiciera atletismo. No la usó: con quince años encontró el boxeo en la calle, con su amigo Ezequiel, y poco después el Muay Thai. Ahí se quedó. Compitió, y peleando entendió que ganar no era solo pegar bien: la preparación física lo decidía casi todo.
Durante años gastó el mes de vacaciones entrenando en Tailandia, seis u ocho horas al día. Hasta que un mes no bastó. Se mudó a Chiang Mai y, junto a Marco Merlo, se hizo cargo del campo Spirit of Siam, con alumnos de medio mundo. De su maestro se trajo lo que hoy define su forma de enseñar: no vale con que lo hagas, hay que hacerlo bien y saber por qué.
Allí descubrió a Charles Poliquin, que había preparado a medallistas olímpicos de 17 deportes distintos. Al volver, una formación con él en Manchester le cambió el camino, y detrás vinieron Carlos Castro, Wolfgang Unsöld y otros. De Poliquin se quedó con una regla que sigue aplicando: «Busca a los mejores y llama a su puerta».

Enero de 2017
Abre el primer Naga

Antes de Naga, Aarón ya entrenaba gente en Torrejón: primero en una sala de treinta metros cuadrados, donde juntó a ochenta personas; después en otro gimnasio, adonde casi todas le siguieron. Su padre lo veía claro y lo repetía sin parar: «Todo el mundo quiere entrenar contigo y trabajas para otro. Abre tu gimnasio, que lo llenas».
Sus padres pusieron parte del capital, un socio con empresa de montajes puso el resto y las manos, y lo que todos decían que era imposible se hizo en un mes. El primer Naga abrió en Grafito 2, esquina con Solana, con ochenta socios el primer mes. Cubrió gastos desde el principio, algo rarísimo en un gimnasio recién abierto.
Por qué Naga
El nombre viene de Tailandia. El Naga es la gran serpiente que custodia los templos: fuerza, protección y sabiduría. Era justo lo que Aarón quería que fuera el gimnasio. Por eso el nombre, y por eso la serpiente del logo.
La mudanza
De Grafito 2 a Solana 27
Montar el primer gimnasio fue fácil. El segundo, no. Solana 27 tardó tres meses de arquitectos, licencias y obras mientras el viejo Naga seguía abierto cada día. «Perdí años de vida», dice Aarón.
Pero se pasó de cuatrocientos metros cuadrados a una finca de 1.600, con la nave de clases, el césped para trineos, la sala de entrenamiento personal, vestuarios nuevos y aparcamiento. Y a cien metros del anterior: Naga cambió del todo sin que nadie tuviera que cambiar de barrio.

El equipo
Cómo se fue formando

Iván
Es el hermano pequeño de Aarón y su mano derecha. Empezó dando clases de resistencia porque los propios socios se lo pedían: tenía facilidad para los gimnásticos y la halterofilia, y una forma de tratar a la gente que engancha. Después llegó la formación, con Juan Carlos Simó en República Dominicana y Wolfgang Unsöld en Alemania, y los dos hermanos desarrollaron juntos muchos de los sistemas que hoy usa el box. En el equipo le llaman la Wikipedia de Naga: cuando nadie sabe un dato, la pregunta acaba en él.
Rafa
Llegó por iniciativa propia: pidió a su universidad hacer las prácticas del grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en Naga porque quería aprender aquí. Destacó por lo que sabía, y más por cómo trabajaba. Se quedó, y desde entonces se ha especializado en rehabilitación deportiva con formación de posgrado.
Charlie
También vino a pedir prácticas. La primera respuesta fue que no: nunca había entrenado cross training y tenía que conocer los movimientos. Propuso venir a entrenar todos los días hasta las prácticas. Durante meses hizo una hora de transporte público para entrenar una hora y volver. Eso, para Aarón, vale más que cualquier título. Terminó sus estudios de deporte y dietética, hizo las prácticas y se ganó el puesto. Compite en MMA, y Aarón lleva su preparación física.
Marco
Llegó por una oferta de trabajo. Entre todos los candidatos fue el que mejor explicaba, el que más se implicaba y el que más corregía a cada persona por separado. Buscaba un sitio donde seguir aprendiendo; Naga buscaba a alguien a quien le gustara enseñar. Encajó a la primera.
La familia
Naga no existiría sin la familia de Aarón. Su padre fue quien insistió hasta convencerle, y sus padres pusieron parte del dinero cuando él no lo tenía. Y no acabó ahí: durante años han cobrado cuotas, llevado las cuentas, limpiado, pintado, reparado y estado en cada mudanza, compaginándolo con sus propios trabajos. Su madre, siempre disponible para lo que hiciera falta. Su padre, el que empujó hasta que fue real. Naga es un negocio, pero desde el primer día es un proyecto familiar.
Diez años después
Dónde estamos hoy
Por Naga han pasado deportistas profesionales de fútbol, baloncesto, balonmano, pádel, fútbol americano, boxeo, MMA y jiu-jitsu. Entre ellos, medallistas olímpicos, campeones del mundo y de Europa, y jugadores de fútbol americano seleccionados para un Combine de la NFL.








Diez años han traído experiencia: entrenar mejor, elegir mejor el material, montar sistemas que funcionan. La dirección no ha cambiado: salud, longevidad y rendimiento, con el entrenamiento, la nutrición y los hábitos como herramientas. Y lo que más orgullo da no es ningún campeón: es que la gente de aquí entrena junta, queda fuera, compite y celebra junta. Eso no se compra con una cuota. Seguir aprendiendo. Seguir mejorando. Seguir ayudando a la gente.
Diez años y seguimos abriendo a las 06:00
La primera clase es gratis. Ven un día y decide después.
